La histórica dirigente social y política, La Dra. Isabel Marta Salinas, hace un pormenorizado análisis del concepto «Ni Una Menos», su evolución y contexto en la actualidad.
Leer más: 3 DE JUNIO: NI UNA MENOS, NI UNA MUERTA MAS“Ni una menos, ni una muerta más”. La autora de la consigna fue Susana Chávez Castillo, poeta y activista mexicana asesinada en el año 2011, por denunciar los crímenes contra las mujeres en su país. Unió la lucha contra los femicidios en Juárez, Chihuahua, México. Desde 1995, que se usó por primera vez, es el emblema de las marchas multitudinarias en Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, México y otras geografías en el mundo, contra la violencia de género. La etiqueta #NiUnaMenos se extendió en las redes sociales y es un reclamo social muy potente que cruzó fronteras y continentes.
El vasto y consolidado movimiento “Ni Una Menos”, que cumple diez años en la agenda pública, social y política, con identidad propia y fuerza transformadora, nació el 3 de junio de 2015, tras el femicidio de la adolescente Chiara Paéz, asesinada por su novio, en Rufino, Santa Fe, que detonó la impactante manifestación en la Plaza del Congreso, en Buenos Aires, replicada en cientos de plazas de toda Argentina, como también en otras geografías de Latinoamérica y el exterior, cuando una multitud de voluntades unidas en la defensa de la vida de las mujeres iniciaron, con la consigna de “Ni Una Menos, Ni Una Muerta Más”, una acción consciente, colectiva, coherente y organizada para prevenir, sancionar y evitar femicidios.
En 2015, cuando asesinaron a Chiara Páez, se registraba 1 femicidio cada 40 horas en nuestro país. Su asesinato marcó el inicio de Ni Una Menos y una movilización sin precedentes contra las violencias de género en la Argentina, Latinoamérica y Europa. Desde entonces, las cifras de femicidios y los ataques a la comunidad lgbttiq+ siguen aumentando, pese a las políticas públicas logradas por las luchas de los feminismos Un año antes del crimen de la adolescente, en 2014, la Corte Suprema de Justicia publicó el primer Registro Nacional de femicidios. Se relevaron 225 femicidios en todo el país. El 94% de las víctimas tenía entre 21 y 40 años, y sus agresores, de 21 a 40 años. En un 57%, se trataba de parejas, exparejas, novios, maridos o convivientes. Pero el 75% de las mujeres fueron asesinadas por allegados.
Cuatro meses después del femicidio de Chiara, el Concejo Nacional de las Mujeres inició la aplicación de una mirada transversal de género sobre políticas planteadas por el colectivo NiUnaMenos: mujeres y niñas en igualdad de género plena, la eliminación de barreras para su empoderamiento, políticas eficientes contra las violencias, reconocimiento económico de las tareas de cuidado, la efectiva implementación de educación sexual integral en las escuelas y del cupo laboral travesti trans.
El primer manifiesto de “Ni Una Menos” exigió la instrumentación en su totalidad de la Ley 26.485, de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres; pedía garantías para la protección de víctimas de violencia y para su acceso a la Justicia, patrocinio jurídico gratuito durante todo el proceso judicial, creación de hogares/refugio en la emergencia, subsidio habitacional con asistencia interdisciplinaria, insumos necesarios para sostener la Línea 144, que comenzó a funcionar en 2013, hasta la intervención y el vaciamiento de Milei, con la pérdida del 45% de su personal. “Hoy no hay datos públicos, completos ni confiables para afirmar que la violencia de género bajó”, advierte el último informe del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA). «El sistema de medición dejó de relevar la información nacional y se dejaron de publicar las estadísticas. Con el desmantelamiento de programas y espacios de atención, es posible que haya menos mujeres buscando ayuda.”
Ni Una Menos se consolidó en la sociedad , transformó la manera en que se valoran los testimonios, los debates álgidos, la mirada sobre esa realidad innegable que, diez años después, es señalada como una amenaza de las derechas que niegan la violencia de género, que es una realidad incuestionable. Después de Ni Una Menos vino el #MeToo estadounidense y los Paros Internacionales de Mujeres. En el mundo se politizó las cuestiones feministas.
A partir del primer manifiesto de Ni Una Menos en 2015 hasta la era odiante del gobierno nacional del anarquista libertario, que denuesta las políticas de género, las cifras de esas violencias marcan registros zigzagueantes, pero lamentablemente en ascenso. En 2025 el promedio de femicidios es de 1 cada 28 horas, aunque Javier Milei los trate de «homicidios de mujeres» y diga que descendieron. Hoy no hay datos públicos confiables sobre las violencias de género. En España, con una población similar a la nuestra, hubo 54 muertas en el año 2024.
En nuestro país, en la actualidad, el gobierno del libertario anarquista Javier Milei impuso el negacionismo institucional de la violencia de género, eliminó el Ministerio de las Mujeres, las políticas de igualdad de género y erradicación de la violencia. El estado nacional aún no ha creado un Registro Nacional sobre el tema de violencia de género como institución nacional autónoma y con competencia específica y exclusiva, a diferencia de Colombia, Perú, España, Chile, Honduras, Uruguay, que son sólo algunos de los países que cuentan con estadísticas oficiales de femicidios, como se puede ver en el Observatorio de Igualdad de Género de Cepal. Este vacío institucional pone en evidencia que el sistema de valores y prioridades estatales públicas debe ser revisado.
El horror de la realidad promueve leyes para prevenir, erradicar y sancionar estos delitos. La ley Nacional Nº 27.499 -Capacitación en género de los funcionarios de los tres (3) Poderes del Estado- en un acertado aporte para concientizar y consolidar una nueva cultura de igualdad y equidad para una sociedad libre de violencias machistas, que lleva el nombre Micaela, una joven víctima del ilícito cometido por un condenado por múltiples abusos sexuales, que debía estar preso, pero salió anticipadamente de la cárcel. En nuestra provincia se sancionó la ley Nº 10.174 con el mismo objetivo.
La Real Academia Española incorporó la palabra “femicidio” al idioma español en el año 2014 a la 23ª edición del Diccionario de la RAE. Otra modificación significativa es la supresión de las acepciones sexistas de “femenino” como “débil, endeble” y de “masculino”, como “varonil, enérgico”.
El licenciado Andrés Montero Gómez, un reconocido psicólogo español Director del Instituto de Psicología de la Violencia, afirma que la violencia de género es un crimen por convicción. El agresor aplica la violencia para mantener el comportamiento de la mujer dentro de parámetros que responden, exclusivamente, a la voluntad del agresor. El femicida está convencido de su derecho a utilizar violencia, a fin que la mujer se comporte conforme a un orden determinado y acorde a sus convicciones. Según este investigador, los atacantes de mujeres no se diferencian de ninguno de los dictadores totalitarios que han asolado la historia de la Humanidad. El agresor de género es un dictador, que impone su voluntad por medio de violencia, en el marco interpersonal de una relación de pareja.
El asesinato de la mujer en situación de violencia de género, representa el fracaso del agresor para someterla. La realidad de muchas mujeres es mucho más trágica y dura de lo que incluso imaginamos. Lo que el violento prefiere es continuar ejerciendo su tiranía y tortura sobre la mujer durante toda la vida. El agresor llega hasta el asesinato porque la mujer quiere ser libre, tener la libertad que nos hemos dado en las imperfectas democracias tras innumerables sacrificios y revoluciones. Así, más del 80% de las muertes en violencia de género se producen en el contexto de una eventual ruptura de la pareja a instancias de una mujer, una esclava, que quiere romper sus ligaduras y reencontrarse con su identidad arrebatada. Por eso las matan.
Es una realidad que la sociedad, tal como la hemos construido, está sustentada en códigos de supremacía y dominancia masculina sobre la subordinación femenina. La desigualdad entre hombres y mujeres, con preponderancia de lo masculino, ha sido la regla dominante sobre la que hemos construido nuestra sociedad. A medida que el progreso ha ido avanzando, nos hemos ido liberando de discriminaciones y esclavitudes.
El autor citado considera que es necesario provocar un cambio profundo, revolucionario, que sea transversal a todas las estructuras sociales, tan importante como las revoluciones que posibilitaron la construcción de los estados modernos, sobre las ruinas del feudalismo o de las dinastías. Así como la Revolución Francesa puso de manifiesto el fin de las esclavitudes de clase, la americana el fin de las esclavitudes de raza, ahora la Revolución Feminista debe lograr el fin de la esclavitud de género. Ahora tenemos otras esclavitudes más globales, como la económica, la geoestratégica, pero las democracias han declarado abolidas legalmente aquellas otras tradicionales. Sin embargo, por muy legalmente que se hayan subvertido ciertas esclavitudes, los códigos sociales de supremacía masculina y subordinación femenina, continúan transmitiendo de generación a generación.
En 125 países hay leyes que consagran la igualdad de varones y mujeres, en otros 70 países no existe norma alguna al respecto. Pero aún en los países que garantizan la equidad de género, existen techos, de cristal o de hormigón, que obstaculizan la equidad de acceso y representación entre hombres y mujeres. Esos techos están construidos con nuestros prejuicios, con nuestros modelos mentales, con nuestras formas de entender el mundo. Y estos productos mentales continúan heredándose. La familia es donde se practica la primera y más fuerte socialización. Afortunadamente, la transmisión de códigos de géneros es paulatinamente menos marcada en dominancia masculina en la sociedad de hoy, pero la decadencia del modelo hegemónico de masculinidad es lenta, costará muchas décadas y desigualdades todavía y, ante todo, exige que todos y todas lo tengamos claro, claro que existe y claro que queremos cambiarlo.
Ahora debemos asumir el compromiso social de cohesionarnos con el objetivo de generar las acciones que promuevan la erradicación de las causas que subyacen en la cultura de la dominación de un sexo sobre el otro, las inequidades y violencias en las relaciones interpersonales, para lograr las igualdades que faltan.
Sumemos compromiso, vocación, trabajo y comprensión para aportar a la noble causa de la erradicación de la violencia de género, para el bien de todas y todos. Que así sea.
Dra. Isabel Marta Salinas. La Rioja, 3 de junio de 2025.-