Revelan los detalles ocultos del diálogo secreto entre Reagan y Thatcher sobre la guerra de Malvinas

El presidente estadounidense intentó un última gestión de paz el 30 de mayo de 1982. Dos semanas después, el 14 de junio, se concretó la rendición argentina en las islas. La intransigencia de la Dama de Hierro inglesa. Las transcripciones completas.

El domingo 30 de mayo de 1982, en plena Guerra de Malvinas, el Comité Militar se volvió a reunir, esta vez con la presencia del canciller Nicanor Costa Méndez recién llegado de los Estados Unidos. En esta oportunidad, el canciller informó que se habían acrecentado “los contactos horizontales” de Estados Unidos tendientes a mejorar la posición norteamericana frente a Latinoamérica.

“En general –se anotó en el Comité Militar– los presuntos dialoguistas norteamericanos coinciden en una crítica centrada en el papel desempeñado por el general Alexander Haig”. Entre los “contactos horizontales” estaban los generales Schweizer y Richardson (subjefe Operaciones y Planes del Estado Mayor de Ejército entre 1981y 1983) con el Agregado de Ejército, Miguel Mallea Gil y las conversaciones del Consejero de Seguridad William Clark con el embajador Esteban Takacs, criticando a Haig y sugiriendo no cerrar los canales con Estados Unidos. También se consideraron las “sugerencias de Vernon Walters a Takacs para que conversara con el subsecretario Enders” y las “conversaciones de Kirkpatrick con el embajador Arnoldo Listre, sugiriendo aceptar la propuesta británica e informándole que el día lunes 31 de mayo ella conversaría con el presidente Reagan en el Consejo de Seguridad.” Según los argentinos, surgían de estos contactos “los intentos” de Washington por intervenir nuevamente en las negociaciones tras “la condena de la OEA a los EE.UU.” Eran apenas fuegos artificiales en medio de un incendio mayúsculo.

Con títulos catástrofe, todos los diarios del 31 de Mayo consignaban que el portaviones Invincible había sufrido serios daños en manos de la Fuerza Aérea Argentina y que “tropas británicas ocuparon Darwin y Ganso Verde”. La Prensa, el diario de la familia Gainza, se ubicó en el justo medio, una de cal y otra de arena: “Puerto Argentino espera el ataque: un portaviones inglés fue dañado”.

La verdad que no se contaba era que la situación en el frente militar resultaba cada vez más dramática. El Informe de Operaciones 214/82 realizado por el Centro de Operaciones Conjunto (CEOPECON) y elevado al Comité Militar (Estado Mayor Conjunto), el 30 de mayo, relataba que los británicos han “consolidado la defensa aérea” en San Carlos” dotados con “un número significativo de armas antiaéreas y misilísticas” y que “cada ataque aéreo representa un 25%” de pérdidas argentinas”.

En el punto 2 se hace un balance de las pérdidas de la aeronáutica argentina: “En el lapso del 1º al 29 de mayo de 1982 han sido destruidos cuarenta (40) aviones de combate, lo que significa el 27% de la dotación disponible de la FAA. Treinta y cinco (35) oficiales caídos en combate. Pista de Malvinas (es) inoperable.” Las bajas en la Fuerza Aérea motivó un estado de tensión entre los efectivos acantonados en las bases de la Fuerza Aérea Sur, sólo así se entiende la visita que el brigadier Basilio Lami Dozo va a realizar el 31 de mayo a Comodoro Rivadavia.

Como había anticipado Kirkpatrick, el 31 de mayo, entre las 12.15 y 12.50 estuvo con Reagan porque así lo atestigua la agenda presidencial de ese día. No estuvo sola, la acompañó el Consejero de Seguridad, William Clark, los dos severos críticos de Haig. Tal como se desarrolló la jornada del presidente de los EE.UU., en esa reunión se perfilaron los talking points, los temas a desarrollar durante la conversación telefónica que habría de mantener con la Primera Ministra británica.

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